La historia de Cristopher Tévez, peruano que consiguió dos medallas de oro y una de plata en los últimos Juegos Bolivarianos
Aquellos que lo criticaron fueron los mismos que lo aplaudieron a su regreso de Bolivia. Entendieron que ya no había que preocuparse por aquel muchacho que caminaba de arriba abajo con su taco. El brillo de las medallas que colgaban del cuello de Cristopher Tévez los hizo cambiar de parecer. El billarista peruano demostró en los Juegos Bolivarianos de Sucre, que sí tiene futuro.
Con tan solo 18 años, y siendo el menor de todos los reunidos por este deporte, Tévez se convirtió en el mejor jugador de la especialidad pool. Consiguió dos medallas de oro (Bola 10 - Bola 8) y una de plata (Bola 9). Hoy recuerda con gracias a los “consejos” de aquellas personas.
“Casi todos me decían vago cuando se enteraban que jugaba billar, decían que era chibolo y que debería dedicarme a otra cosa. Pero yo respondía que el deporte es como lo toma cada uno. Ahora esas mismas personas me dicen que quieren ser como yo”, nos cuenta mientras esboza una sonrisa.
Fui testigo de excepción de las hazañas de Tévez en tierras bolivianas. De cómo venció a venezolanos, ecuatorianos y bolivianos. Pero sobre todo de su remontada en Bola 10 tras limpiar la bola blanca, luego de que los panameños le echaran silicona para beneficiar el juego del llanero Luis Sánchez.
Los recuerdos remontaron a Cristopher hasta cuando tenía 13 años y vivía en Villa María. Sólo era un niño y su padre lo llevó por primera vez a un club de billar. “Mi papá había apostado una cena con sus amigos. Nos llevó a mi hermano y a mí para que lo viésemos jugar y cuando ganó, nos fuimos a comer”.
PRESENTE Y FUTURO
A partir de ese día su padre le dio un sol diario de propina. Él, en vez de comprar figuritas para el álbum o alguna golosina, lo guardaba hasta la salida del colegio para irse a jugar billar con sus amigos. Fue ahí donde comenzó su rápido ascenso.
“Iba a jugar de un lado a otro y por eso nunca tuve un maestro que me enseñara. Aprendía con la práctica y algunas veces los mayores te indicaban una que otra cosa, pero no mucho. Eran egoístas con sus conocimientos”, nos cuenta.
Hoy Tévez ya no juega los torneos de barrio. Las amanecidas y el ambiente que se vive en esos campeonatos ya no le llaman la atención. Cristopher quiere seguir creciendo en este deporte, por eso empezó a buscar auspicios para poder viajar al extranjero y jugar torneos de mayor jerarquía.
Ha demostrado que no se rinde a pesar de las críticas. Para él fue suficiente el apoyo de su familia, e incluso, el de la familia de su ex enamorada. “A ella también tengo que agradecerle, a sus familiares porque me apoyaron durante mucho tiempo y no creyeron como los demás que era un vago”.
El mérito de Cristopher se engrandece aún más al comprobar que viajó a los Juegos Bolivarianos sin un entrenamiento previo. Él no puede practicar en la Federación Peruana de Billar y no porque le prohíban el ingreso, sino porque en dicho local no existen mesas de pool. Sólo hay mesas de billar a tres bandas.
Para lograr ser considerado en la nómina de viajeros, Christopher tuvo que pasar un selectivo de pool. Ése fue el único contacto previo que tuvo con esta especialidad. Ni siquiera las mesas de los más distinguidos locales de billar limeños son de la misma calidad que la de los torneos oficiales.
Miguel Lora, presidente de la Federación Deportiva Peruana de Billar (FDPB), nos explicó la situación. “Todo es culpa del robo del señor Abraham Manrique (ex presidente de la FDPB ). Tuve que hacer de nuevo el local de la Federación. Entonces , como teníamos en auge a Ramón Rodríguez, le dimos prioridad a las tres bandas. Gracias al ingeniero Arturo Woodman pudimos equiparnos bien. Ahora volveré a hablar con él para ver si nos puede apoyar, aunque también estoy buscando auspiciadores para eso. Los resultados de Christopher nos respaldan”, apuntó.
PD. Si quieren aprender a jugar billas y pool, aquí les dejo el blog de "Dibu" para que lo llamen: http://el-dibupool.blogspot.com/


